DiverCrecer te ayuda a lograr tus objetivos

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Eloy Buendía

1/25/20232 min read

¿Por qué DiverCrecer te ayuda a lograr tus objetivos?

A diferencia de muchos libros que habrás leído o videos de Autoayuda que hayas visto, DiverCrecer es un programa con una comunidad que te apoya.

Para unirte puedes contactarnos vía WhatsApp al +356 9944 2600 o haciendo Click Directamente Aquí.

Por favor mira el siguiente video:

¿Has tenido problemas en el pasado para perseverar en tus propósitos de año nuevo?

¿Quisieras en este nuevo año romper de una vez y para siempre con esos patrones de buenas intenciones a principio de año que se transforman en decepciones a mitad de año?

Entonces, seguramente te interesará lo que verás en este video. Mi nombre es Ángela y pertenezco a DiverCrecer, un programa que ha cambiado la vida de muchos.

¿Qué es Divercrecer?

Lo más fácil es explicarlo mediante una analogía. ¿Has oído hablar de los Alcohólicos Anónimos?

Es un programa que ha permitido que millones de personas se liberen de las cadenas del alcohol en todo el mundo. Su eficacia ha sido comprobada durante casi nueve décadas.

Bueno… DiverCrecer es un programa que utiliza las mismas herramientas que han cambiado positivamente las vidas de los Alcohólicos, pero para que personas que no tienen problemas con el alcohol puedan crecer, progresar, prosperar y buscar la autorrealización.

Muchos de nosotros hemos descubierto dentro del programa cuáles eran los patrones sutiles que nos robaban el tiempo y nos impedían progresar. Para algunos eran las series de Netflix, las noticias, las redes sociales, o simplemente navegar sin rumbo en Internet.

Para otros, eran los sueños de poder, prestigio y dinero en los que perdíamos horas cada día después de comprar la lotería o mientras planeábamos un nuevo emprendimiento.

¡Otros nos ocupábamos compulsivamente con todo tipo de actividades! Igual nos podíamos quedar haciendo arreglos en la casa, limpiando la cocina, organizando el closet u ordenando libros, fotografías, papeles, o herramientas.

También podíamos dedicarnos compulsivamente a hacer ejercicio, planes de comidas, dietas, y demás actividades relacionadas con la salud y el estado físico.

También nos perdíamos a nosotros mismos buscando compulsivamente la aceptación o aprobación de otros, dedicándoles nuestro tiempo, ya fuera haciendo por ellos, o acompañándolos, a hacer labores y diligencias que podían hacer por sí mismos, o tratando de complacerlos haciendo lo que nos sugerían o querían que hiciéramos, así no tuviera nada que ver con lo que queríamos.

En otras oportunidades nos perdíamos en el perfeccionismo, pues podríamos quedarnos horas dedicando nuestra atención a detalles insignificantes en informes, trabajos e investigaciones, lo que a la larga terminaba afectando nuestro desempeño, llevándonos a dedicar menos atención a lo verdaderamente importante, o nos obligaba a dedicar el doble del tiempo presupuestado para cualquier trabajo, afectando otras áreas de nuestras vidas.

Algunos describimos nuestra problemática como una especie de parálisis o bloqueo, que nos impedía crecer o progresar.Las consecuencias eran siempre las mismas: Una sensación de abandono de nosotros mismos y nuestros propósitos; un desperdicio masivo de nuestro tiempo, lo cual terminaba perjudicando nuestros ingresos y a veces nos llevaba a endeudarnos; una pérdida de nuestra capacidad de desarrollar plenamente nuestro potencial, de buscar nuestra autorrealización, y nuestra felicidad.

Muchos de nosotros buscamos sin éxito ayuda en programas que se enfocaban en alguno de los aspectos que acabo de enumerar, pero como si estuviéramos en un bote en ruinas que hacía agua, sentíamos que si tapábamos un agujero con una mano, se entraba el agua por otros dos… y si tapábamos tres, con las dos manos y un pie, se abría uno más en donde no podíamos alcanzar. Independientemente del esfuerzo que hiciéramos para sacar el agua o evitar que entrara, el bote terminaba inundándose más y más, y el resultado indefectible era que se iba hundiendo a medida que pasaban los días, los meses, y los años, como si tuviera una determinación propia.

Aunque muchos de nosotros leíamos los libros de Robert Kiyosaki, Napoleon Hill, Stephen Covey, Eliyahu Goldratt, Ken Blanchard, Daniel Pink e infinidad de otros autores que enseñan a alcanzar el éxito; aunque asistíamos a talleres de emprendimiento notables, a sesiones de coaching que prometían poner el éxito en nuestras manos, seguíamos canales de YouTube con contenidos excelentes y veíamos videos motivadores que ofrecían reprogramar nuestras mentes para el éxito; aunque sentíamos que teníamos un conocimiento pasmoso sobre lo que debíamos hacer para alcanzar el éxito, no éramos capaces de materializar en acciones todo lo que sabíamos, ni podíamos cerrar la brecha inconmensurable entre lo que deseábamos hacer y lo que hacíamos.

¡Cuánto deseábamos un cambio positivo en nuestras vidas! Un cambio hacia el crecimiento verdadero.

No hay gran diferencia entre el que decide escaparse de la vida y no enfrentar sus miedos refugiándose en el alcohol o echándose un viaje de heroína, y el que lo hace paseando el tubo de la aspiradora diecisiete veces por una sala reluciente. Independientemente de lo que haga para escapar de la vida, la persona puede pasar toda su existencia infeliz debido a que se está privando de vivir, sin darse cuenta de qué es lo que le sucede.

Poco a poco fuimos probando herramientas que funcionaron, otras que no nos sirvieron… y sin darnos cuenta, fuimos construyendo un programa a la medida, que no existía hasta ese momento, y que nos podía ayudar, no sólo a todos los que estábamos allí reunidos, sino a infinidad de personas que padecen o padecerán el mismo problema.

Sin proponérnoslo fuimos creando el primer programa de Doce Pasos que no tiene su foco en ayudar a quienes lo trabajan a alejarse de lo que NO quieren, sino está enfocado en ayudar a quien lo trabaja, a conseguir, lograr u obtener lo que SÍ quiere. Es una visión novedosa en programas de adicciones. Ya no seguimos auto-engañándonos diciendo que el problema son las redes sociales, o hablar por teléfono, o arreglar cosas, o regalar nuestro tiempo, o leer el periódico. El problema es no hacer la llamada, no golpear a la puerta, no pedir la cita a la chica que nos gusta, no pedir la entrevista de trabajo o el aumento, no enviar la propuesta, no hacer seguimiento a la propuesta que enviamos.

El problema es no actuar. No alinear nuestros actos con nuestras metas, propósito, o sueños. En eso es precisamente en lo que se enfoca este programa. En llevarnos a la acción, pero no a mantenernos ocupados, ni a ejecutar acciones vacías, sino a definir un propósito y actuar de manera coherente con dicho propósito.

Cuando conocimos el programa entendimos por qué muchos libros de auto-ayuda que prometían llevarnos al éxito no pasaban de motivarnos un par de semanas. Nos daban algunas herramientas que comenzábamos a implementar inmediatamente. Cuando terminábamos el libro, continuábamos implementando algunas de dichas herramientas, pero la gasolina que nos daba el libro nos duraba unas cuántas semanas, después de las cuales, volvíamos a actuar como antes. Entonces comenzábamos un nuevo libro, que de pronto nos daba otras herramientas diferentes, con las cuales se repetía el ciclo.

En esta búsqueda aprendimos muchas herramientas, pero no logramos implementarlas en nuestras vidas de manera sostenible.

Para implementarlas e integrarlas, se necesita inicialmente de algo más que un libro: Se necesita también de un programa en el que uno comparta su experiencia fortaleza y esperanza con otros compañeros de lucha. Un programa en donde pueda rendir cuentas sobre su progreso sin miedo a ser juzgado en los períodos en los que perciba un pequeño retroceso. Un programa en donde tenga alguien a quién recurrir para consultar cuando necesite ayuda especial ante un obstáculo. Un programa que funciona “sólo por hoy”, en donde hay una reiteración de los principios y las herramientas día a día, hasta que van entrando a través de nuestra gruesa y curtida piel, para terminar formando parte de nosotros. Un programa en donde desde el principio, gracias a empezar a implementar las herramientas en nuestras vidas, comenzamos a recibir regalos que retroalimentan nuestras ganas de continuar en él. Un programa en donde lo que antes nos parecía normal y familiar, comienza a sentirse incómodo y poco saludable. Un programa en donde esos cambios que al principio nos cuestan trabajo, pasan a formar parte de nosotros. Un programa en el cual los cambios llegan para quedarse porque no hay que esforzarse indefinidamente en el tiempo, sino más temprano que tarde, en la medida en que sanamos aquellos defectos de carácter de los cuales nacen nuestros comportamientos compulsivos, vemos como la compulsión desaparece para siempre.

Al contrario de muchos programas de adicciones, que nos alejan de aquello que no queremos en nuestras vidas, DiverCrecer ha adaptado esas herramientas para acercarnos a lo que sí queremos en nuestras vidas.

Después de todo lo que hemos expuesto parecería que DiverCrecer es un programa o método eficaz para ayudar a quien lo implemente a ponerse en acción. Sin embargo, quienes llevamos un tiempo trabajando el programa hemos podido darnos cuenta de que DiverCrecer no nos ayuda solamente a ponernos en acción, sino nos ayuda a hacerlo con un propósito. A reencontrar el sentido de nuestras vidas, a rescatar nuestros talentos olvidados, a reconciliarnos con nuestra pasión, a expresar amor, servir a nuestras familias y a la sociedad, e impactar positivamente las vidas de otras personas a través de nuestros talentos.

DiverCrecer nos ayuda a reconciliarnos con nuestro pasado y a resignificarlo porque ahora, sin importar lo vergonzoso o doloroso que haya sido, nos permite ayudar a otros.Muchos de los que estamos en DiverCrecer hemos experimentado en otros momentos de nuestras vidas lo que es salir de la zona de confort. Hemos tenido períodos de gran crecimiento relacionados con acciones, pero la mayoría de las veces que salimos de la zona de confort en nuestro pasado, lo hicimos a pesar nuestro; en contra de nuestros deseos; a punta de fuerza de voluntad, por períodos de tiempo durante los cuales lo que más añorábamos era volver a nuestra zona de confort.

En otros casos, lo hicimos voluntariamente, pero desde la inconsciencia total y al final siempre había una fuerza inconsciente y superior a nosotros mismos que nos gobernaba como marionetas y nos llevaba a buscar nuevamente nuestra zona de confort.En el mejor de los casos éramos conscientes de la necesidad de poner acción en nuestras vidas, y enfocábamos toda nuestra voluntad y nuestra fuerza hacia salir de la zona de confort, pero como los alcohólicos que simplemente tapan la botella y con ello sólo sienten que se deshicieron de su muleta y que andan por el mundo con una discapacidad sin saber cómo sanar su discapacidad que proviene del alma, nosotros podíamos celebrar nuestras victorias sobre la parálisis, pero al mismo tiempo sentir una infelicidad crónica y endógena que sólo pudimos sanar de la mano con las herramientas del programa.

Para todos los que ya hemos salido de la zona de confort y hemos experimentado esos efectos secundarios indeseables y para los que no quieren pasar por todo ese proceso de ensayo y error, nació DiverCrecer: Una comunidad que ayuda a las personas a meter acción en sus vidas con un propósito, y al mismo tiempo les enseña a vivir felices en acción, sin añorar volver a su zona de confort. Esa es la única manera de hacer que el proceso sea sostenible en el largo plazo. Es la forma de lograr que las personas se comprometan con un proceso de crecimiento continuo.

DiverCrecer no es un toque mágico que va a hacer que la gente alcance la perfección instantánea. De hecho, cuando creemos que estamos recuperados o que alcanzamos la perfección, dejamos de recuperarnos y de crecer.

DiverCrecer nos permite encontrar la felicidad en el proceso… el crecimiento… el aprendizaje. Esto no es algo raro ni extraordinario. De hecho, antes de comenzar el proceso muchos recordamos el brillo que veíamos en la mirada de los niños; el entusiasmo; la alegría independiente de la situación social, económica, o política del país en el que estaban, o de si el día estaba nublado, lluvioso o soleado. La curiosidad innata; el deseo de explorar y conocer su entorno; la alegría que expresaban con cada logro, cada paso que les mostraba que estaban creciendo y ganando independencia; cuando comenzaban a dar sus primeros pasos; cuando comenzaban a correr; cuando alcanzaban el timbre; cuando lograban subirse solos a un árbol.

También hemos visto como ese brillo se va apagando con la crianza y la educación, hasta llevar a esos seres que antes saltaban riendo a carcajadas y bailaban bajo la lluvia saltando entre los charcos y salpicando agua, en seres aburridos y acartonados que quisieran quedarse acostados bajo las cobijas en un día lluvioso.

Poco a poco nos hemos ido dando cuenta de que lo que el programa ha hecho en nosotros no es nada extraordinario. No nos ha transformado en seres superiores. Sencillamente nos ha permitido recuperar a esos niños que hay dentro de nosotros, a esos niños que dejamos abandonados en algún momento de nuestras vidas para encajar en una sociedad que premia la auto-alienación y el sacrificio.

A medida que hemos ido encontrando a esos niños, hemos ido redescubriendo lo que sabíamos desde pequeños: Que la felicidad está dentro de nosotros. Que debemos dejar de buscar culpables de nuestra infelicidad, y concentrarnos en ser felices en el momento presente. La responsabilidad de nuestra propia felicidad está en nosotros y en cómo decidimos vivir este día.

En la medida en que nos permitimos a nosotros mismos recuperar nuestra propia curiosidad y espontaneidad, en la medida en que nos permitimos volver a ser niños y vivimos el presente con el entusiasmo con el que lo vivíamos cuando teníamos tres añitos, en el momento en que nos permitimos hacer chistes bobos y reírnos de ellos, hacer locuras y disfrutarlas, en el momento en que nos permitimos ver lo nuevo como una aventura y no como algo a lo que debamos tenerle miedo, cuando perdemos el miedo de hablarle o preguntarle algo a un desconocido en un ascensor, recuperamos la capacidad de aprender, crecer, progresar y prosperar en nuestras vidas de manera natural; sin hacer mayores esfuerzos; como una consecuencia normal de estar vivos.

Y lo más importante, como el niño que explora el mundo que lo rodea, somos felices en el proceso, y mientras más nos comprometemos con nuestro programa de recuperación, mayor felicidad, espontaneidad y libertad vamos encontrando en nuestras vidas.

Así que esta es una invitación a que conozcas el programa; a que formes parte del selecto grupo que ha decidido dejar los miedos a un lado para buscar sus sueños.Te invito a que te des la oportunidad de crecer y buscar la autorrealización.¡Únete a DiverCrecer y disfruta de muchas de sus herramientas gratuitamente! Si quieres acelerar tu proceso, pregunta por nuestros planes premium, como nuestras mentorías personalizadas!

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